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CÁBALA Mística - Malkuth, el décimo Sephirah 3

Kabala


Ahora tratemos de comprender esta comparación desde el punto de vista del ocultismo técnico. Toda operación mágica tiene por objeto hacer descender un poder a través de los planos y ponerlo al servicio del operador, el cual se servirá de él para la finalidad deseada. Muchos operadores se contentan con obtener un resultado puramente subjetivo; por ejemplo, un sentimiento de exaltación: otros, se dirigen a la producción de fenómenos psíquicos. Sin embargo, todos deberían reconocer que ninguna operación es completa si no ha podido llegar a expresarse en términos precisos de Malkuth o, en otras palabras, hasta que no se pone en acción en el mundo físico. Si esto no ha sido efectuado, la fuerza invocada no se ha convertido verdaderamente en "terrestre", y esta fuerza no encarnada es la causa de perturbaciones en las experiencias mágicas. Podrá no perturbar a algún experimentador, porque hay pocos que liberan suficiente poder como para causar una perturbación; pero, en una serie de experiencias, los efectos pueden acumularse, y el resultado puede convertirse en desorden psíquico , en mala suerte o también en acontecimientos singulares que han sufrido algunos experimentadores. Es este género de cosas, que arroja el descrédito sobre las experiencias mágicas, es lo que hace considerarlas como peligrosas y, algunas veces, per­mite que se las compare al empleo nocivo de las drogas. Sin em­bargo, la analogía verdadera las compararía a los peligros que presentaba en otros tiempos el estudio de los rayos X. Es una técnica errónea que puede dar lugar a perturbaciones, como su­cede siempre que se trate de poderes activos. Hagamos perfecta nuestra técnica y se evitarán las perturbaciones, y entonces ten­dremos una poderosa fuerza que podremos usar.

  Los únicos medios de transición de Yesod a Malkuth tienen lugar gracias a la mediumnidad de las substancias vivientes. Pero hay diversos grados de vida. El ocultista descubre la vida doquiera haya forma organizada, porque declara que sólo la vida puede organizar una forma, aunque en aquello que comúnmente se llama substancias inorgánicas la proporción de vida sea muy débil, casi infinitesimal en algunos casos. Por tanto en algunas formas de materia inorgánica, esta proporción no es en absoluto desprecia­ble, lo mismo que hay en las plantas un grado apreciable de inteli­gencia. Sólo los recientes progresos en el trabajo experimental, especialmente los realizados por Sir Jagindranath han demostrado este hecho, conocido empíricamente desde hace mucho por el ocul­tista práctico que siempre hizo uso de substancias metálicas y cristalinas para construir acumuladores de fuerza sutiles, y que siempre consideró la seda como un aislante. En efecto, él se ha dado cuenta de las propiedades de las mismas materias que emplean nuestros electricistas. Los mejores talismanes son considerados aquellos que se hacen de discos de metal puro, donde se graban frases apropiadas y que están recubiertos de seda del color correspon­diente a la fuerza con que está cargado el talismán. Una piedra preciosa, la cual después de todo, no es más que un cristal colo­reado, desempeña un papel importante en ciertas operaciones, por­que se la considera como si fuese el hogar de dicha fuerza y por­que actúa como tal. Es también una causalidad importante de ciertos tipos de receptores de ondas. Actualmente la influencia de los colores sobre los estados mentales es bien conocida. Ninguno que trabaje en gabinetes fotográficos permanece mucho tiempo en las cámaras de luz roja, porque sabe que le ocasionaría ciertas perturbaciones emocionales o desarreglos temporarios del espíritu Todo esto lo volvemos a descubrir por el método cientifico moderno y por sus instrumentos, pero ya era bien conocido por los antiguos, cuyas aplicaciones prácticas eran estudiadas en detalle en una medida que hoy no nos podemos imaginar ni remotamente excepto entre aquellos muy raros, por cierto, que según el decir popular son "chiflados".

  También entre las plantas encontramos un grado variable de "actividad psíquica" que particularmente se le atribuye a las plantas aromáticas. los antiguos tenían un sistema detallado de las relaciones de las plantas con las diversas formas de la fuerza sutil. Algunas, evidentemente, son fantásticas, pero ciertos principios generales pueden servir de guia. Cada vez que vemos una planta asociada por la tradición a una divinidad cualquiera podemos estar casi seguros de que esa planta tiene afinidades con un tipo especial de fuerza que la divinidad representa. Para nuestros ojos modernos esta asociación puede parecer superficial e irracional, como aquellas que Freud nos dice que emplea el espíritu en sus sueños; pero los adoradores de la divinidad, si la asociación está consagrada por la tradición, habrán construído una conexión psiquica entre la planta y la fuerza y, como sucede en esos casos ese lazo de unión puede ser fácilmente vivificado por aquellos que saben cómo utilizar la imaginación constructiva. De haber un relación intrínseca entre la naturaleza de la planta y la de fuerza, como sucede entre Venus y la rosa, el lirio y la Virgen Maria ella es establecida rápidamente por los adoradores de es culto y no menos rápidamente hallada por aquellos que quieren seguir sus huellas aunque sea algunos siglos después. Así, para todo fin práctico siempre hay una relación que existe no sólo entre las plantas y los dioses sino igualmente entre los animales y los dioses.

  Una atribución que ofrece una importancia especial es la de los perfumes y los colores. Las atribuciones de los colores ya han sido indicadas por las tablas que encabezan cada capítulo de esta obra. En lo tocante a los perfumes es menos fácil formular reglas precisas porque son innumerables, y porque una fuerza que se use en el trabajo práctico a menudo tiende a confundirse con otra. Por ejemplo, es difícil y también indeseable separar las fuerzas de Netzach de las de Tiphareth, las de Hod de las de Yesod, las de Yesod de las de Malkuth; y cualquiera que intentase actuar en Gueburah queriendo descartar a Guedulah, con seguridad se que­maría los dedos.

  Los perfumes no se emplean sólo para permitir manifestarse a la Divinidad, sino también para obrar sobre la imaginación del operador. Para este fin especial, no podrían ser más eficaces, como cada uno puede descubrir por sí propio si intenta realizar la más mínima ceremonia sin servirse del perfume conveniente. Sin em­bargo, si el operador es inexperto, más vale descartar los perfu­mes, por temor que el efecto psiquico producido no sea demasiado violento para su conveniencia o hasta para su equilibrio.

  Generalmente hablando, entre los perfumes se puede distinguir por los que exaltan Ia conciencia y los que despiertan el subconsciente. Entre los primeros, las gomas aromáticas ocupan un lugar aparte; se las emplea exclusivamente para el incienso eclesiástico . Es nece­sario agregar algunos aceites esenciales que tienen propiedades similares, sobre todo los que son aromáticos y astringentes, más que los especiados. Estas substancias tienen un valor en todas Ias operaciones tendientes a aclarar el intelecto o producir una exaltación del tipo místico.

  Los perfumes que despiertan el inconsciente pertenecen a dos especies distintas: la Dionisíaca y la Venusiana. Los perfumes Dio­nisíacos son del tipo aromático especiado, tales como la esencia de cedro, de madera de sándalo o de piña.

  Los Venusianos son de una naturaleza penetrante y dulce, como la vainilla.

  En la práctica actual, las dos clases de perfumes se mezclan; los olores florales característicos se encuentran tanto en una como en otro. En el arte de componer los perfumes, casi siempre se hace una mezcla de ingredientes, visto que se repelen mutuamente. Muchos perfumes que ya de por sí son ácidos y crudos o empala­gosamente dulzones, a causa de su combinación, forman una mez­cla admirable.

  Se dice que los perfumes sintéticos no pueden ser empleados en el trabajo práctico. Nuestra experiencia personal no es de ese parecer, si la esencia empleada en su manufactura es de buena calidad. Hay buenos perfumes sintéticos que no pueden ser diferen­ciados de los naturales, si no es por el análisis químico. Si el efecto deseado se produce, la naturaleza química no tiene importancia, pues el valor de los perfumes es psicológico; su acción se ejerce sobre el operador y no sobre el poder invocado.

  La misma observación se aplica a las piedras preciosas, annque esto parezca una herejía. Lo que se necesita es una piedra de color deseado; que sea un rubí de esta o aquella clase, no significa ninguna diferencia, a no ser en la cuenta bancaria. Que este hécho era bien conocido por los antiguos, lo atestiguan sus listas de pie­dras preciosas consagradas a las diferentes deidades, donde siem­pre figuran diversas clases de piedras. Crowley, por ejemplo, en su "777" cita las perlas, las piedras lunares, el cristal y el cuarzo como consagradas a la Luna, y el rubí y toda piedra roja, a Marte.

  Según la opinión de los ocultistas, la concentración mental de una corriente voluntaria apoyada por la imaginación tiene un efecto sobre ciertos cristales, metales y aceites. Se hace uso de este hecho para conservar en ellos las fuerzas de un tipo determinado, de manera que puedan ser despertadas por la voluntad, o que tambien puedan ejercer constantemente su poder, por una ema­nación sutil. La mayor parte de las ceremonias dependen, al me­nos en una cierta medida, del estado de las armas mágicas. Es necesario observar que todos los accesorios importantes de una iglesia son consagrados antes de cada servicio. Que esta consagra­ción sea verdaderamente eficaz, no es cuestión de opinión. Todo verdadero psíquico discernirá de inmediato si los objetos están o no consagrados, admitiendo, bien entendido, una consagración efi­caz. No importa si algún ocultista practico sepa perfectamente por experiencia que un cambio interior definido tiene lugar en su ser cuando toma sus armas mágicas y se reviste de sus vesti­mentas consagradas; el hecho es que equipado así puede reali­zar lo que de otra manera no podría. También sabe que se requiere cierto tiempo para que una nueva arma mágica pueda obrar bien. Quizás sea interesante hacer notar a este respecto que el autor de este libro se siente incapacitado de escribir nada sobre CÁBALA Mística sin tener a su lado su viejo Arbol de la Vida habitual. Cuando este Arbol --que había sido hecho por alguien para el autor-- llegó a ser tan confuso que resultó casi indescifrable, y debió volverlo a dibujar con sus propias manos, comprobó de inmediato que su influencia magnética se había vuelto más pode­rosa, verificando así la vieja tradición que dice que siempre que sea posible, uno mismo debe preparar sus armas mágicas.

  El gran problema en el trabajo práctico consiste en hacer lle­gar todas las influencias hasta la última Esfera de Malkuth. Los antiguos han descripto muchos métodos, sin que se pueda saber a ciencia cierta en qué medida son exactos. ¿Hasta qué punto eran obtenidas las materializaciones por medio de los sacrificios san­grientos, tales como son descriptos por Virgilio? ¿Hasta qué punto la imaginación exaltada de los espectadores de estos ritos impre­sionantes servía de base a la manifestación?

  Cualquiera sea la verdad, los holocaustos de estos tiempos re­motos no son un método práctico para los experimentadores actua­les. Sin embargo, la base de esta idea se halla en el hecho de que la sangre fresca vertida da lugar a una producción de ectoplasma. En verdad, existen mediums que producen un ectoplasma seme­jante, sin ninguna efusión de sangre; pero los que dan una cantidad apreciable de ectoplasma son muy raros. Cuando, para los fines de una invocación, un cierto número de personas de desarrollo psíquico se hallan reunidas en círculo, pueden dar una cantidad suficiente de ectoplasma para provocar fenómenos psíquicos. Este método no se sigue sin dificultades, para no hablar de peligros; y el ocultista, que es más un filósofo que un experimentador, rara vez lo usa. En general, le basta con obtener manifestaciones en la Esfera de Yesod y llegar a percibirlas con ayuda de la visión interior.

  El único canal de evocación satisfactorio es el operador mismo. En el método egipcio de evocación, que es la ascensión de las fuerzas divinas, el operador se identifica con el dios, y se ofrece a ser él mismo el instrumento de la manifestación. Su propio mag­netismo es lo que le permite franquear el abismo existente entre Yesod y Malkuth. No hay otro método tan satisfactorio, porque la cantidad de magnetismo emanado por un ser viviente es muy superior al de un metal o cristal cualquiera, aunque éste sea tam­bién apreciable.

  Este antiguo método nos es también conocido bajo otro nom­bre: los modernos lo llaman mediumnidad. Cuando el espiritu ha­bla por intermedio del médium, en estado de trance, se produce el mismo fenómeno que en Egipto cuando el sacerdote revestido con la máscara de orus hablaba con la voz de orus.

  Cuando consideramos al Arbol microcósmicamente, el cuerpo físico es Malkuth; el doble etérico es Yesod, y Tiphareth el espíritu superior. Todo lo que a este espíritu le es posible concebir, puede manifestarse rápidamente en la esfera subjetiva de Malkuth. Haríamos mejor en confiarnos a este método de evocación, antes que a los medios exteriores de producción de ectoplasma o efusión de los fluidos vitales, aun si esos últimos métodos fuesen practicables en nuestra civilización moderna.

  La mejor arma mágica es también el mago mismo, y todos los demás coadyuvantes no son más que medios para un fin, siendo éste la exaltación y concentración de la conciencia, lo que hace un mago de un hombre común. "¿No sabéis acaso que vosotros sois el templo del Dios viviente ?", dijo un Gran Ser. Si sabemos cómo emplear las riquezas de este templo viviente, las llaves del cielo están en nuestras manos.

  Las claves de ello se encuentran en los atributos microcósmicos del Arbol. Interpretándolos en términos de función, y la función en términos de principios espirituales, podemos entreabrir la puerta del lugar donde se halla la Fuente de la Fuerza. La mejor, y más completa manifestación del poder de Dios se produce por medio de la entusiasta energía del hombre bien entrenado y consagrado. Seríamos más sensatos en esperar el resultado de una operación mágica por medios naturales, que esperar una intervención en el curso ordinario de la Naturaleza, esperanza que, dada la índole de las cosas, está destinada a la decepción.

  Procuremos hacer claro esto, por medio de un ejemplo. Supon­gemos que la meta sea la curación de un enfermo; según el método del Arbol, debemos emplear un rito o una meditación de Tipha­reth. Pero, por esta razón, debemos limitar nuestras operaciones a esa esfera de Tiphareth, o hacer de la curación una cuestión exclusivamente espiritual, como hacen los Cientistas Cristianos? ¿O haríamos la concesión de imponer las manos y servirnos del óleo consagrado, operaciones de la esfera de Yesod, destinadas a dirigir la fuerza magnética? O también --lo cual nos parece el mejor método-- haremos igualmente uso de una operación de Malkuth, haciendo descender el poder hasta el plano manifestado, sin interrupción en la conducción y la transmutación?

  ¿Y qué es una operación en la esfera de Malkuth? Simplemente una acción en el plano físico. Por tanto, en una invocación para curar, creemos que obraremos cuerdamente rogando al Gran Sa­nador manifieste su poder por medio del médico, porque es el canal natural, y no remitirnos a una fuerza espiritual, para la cual el único canal es la naturaleza espiritual del paciente que es o no capaz de responder a un llamado de este orden.

  Que las grandes fuerzas espirituales puedan actuar eficazmente en la curación de nuestros males es cosa que no se discute en absoluto, pero ellas deben tener un canal para poder manifestarse; ¿y para qué tomarse enormes molestias en formar un canal psi­quíco cuando otro, natural, está tan cerca? Dios manifiesta sus milagros de una manera misteriosa, cuando la ley natural es para nosotros un libro cerrado; pero cuando comprendemos los conduc­tos por los que actúa la naturaleza, vemos que la acción divina se mueve en forma natural, por medio de los canales regulares; la diferencia entre lo sobrenatural y lo natural no consiste en los medios de manifestación empleados, sino en la medida del poder que se manifiesta por ellos. Lo que varía no es la calidad, sino la cantidad del influjo, cuando las fuerzas espirituales son conve­nientemente invocadas.

  Todo el problema de Malkuth es un problema de canales y rela­ciones que es menester establecer. El resto del trabajo, en los planos sutiles, es cumplido por el espiritu; la dificultad comienza en el pasaje de la esfera sutil al medio denso, porque lo sutil está mal preparado para actuar sobre la materia densa. Este pasaje se efectúa merced al magnetismo de los seres vivientes, orgánico o inorgánico. En lo relativo a la operación mágica no es el primer paso, como en el proverbio, sino es el último paso el que cuesta.

Rolando Gonzalez

 

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