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CÁBALA Mística - Tiphereth, el sexto Sephirah - 1

Kabala


- TÍTULO: Tiphareth, la Belleza. (Hebreo: Tau, Pe, Aleph, Resh, Tau).
 
  - IMAGEN MÁGICA: Un Rey majestuoso. Un niño. Un dios sacrificado.
  - POSICIÓN EN EL Árbol de la  En el centro del Pilar del Equilibrio.

   - TEXTO YETSIRÁTICO: El Sexto Sendero es llamado "La Inteligen­cia Mediadora" porque en ella están multiplicadas las influencias de las emanaciones y hace que esas influencias se expandan en los canales de todas las bendiciones, a los cuales ellas están unidas por esencia.

    - TÍTULOS DADOS A TIPHARETH: Zoar, Anpin, el Rostro Menor. Melekh, el Rey. Adam, el Hijo. El Hombre.
  - NOMBRE DIVINO: El Tetragramma. Aloath Va Daath.
    - ARCÁNGEL: Raphael.
  - ORDEN ANGÉLICO: Malachim, Reyes.
  - CHAKRA MUNDANO: Shemesh, el Sol.
  - EXPERIENCIA ESPIRITUAL: Visión de la armonía de las cosas. Misterios de la Crucifixión
  - VIRTUD: Consagración a la Gran Obra.
  - VICIO: Orgullo.
  - CORRESPONDENCIA EN EL MICROCOSMOS: El pecho.
  - SÍMBOLOS: El Lamen. La Rosa Cruz. La Cruz del Calvario. La Pirámide truncada. El cubo.
  - CARTAS DEL TAROT: Los seis.
Seis de Bastos: Victoria.
Seis de Copas: Alegría
Seis de Espadas: Éxito merecido
Seis de Oros: Éxito material.

  - COLOR EN ATZILUTH: Rosa claro.
   BRIAH: Amarillo
   YETZIRAH: Rosa salmón.
   ASSIAH: Oro ambarino.

  Hay tres claves importantes que corresponden a la naturaleza de Tiphareth. Primero es el Centro del Equilibrio del Árbol de la CÁBALA por su posición en el medio del Pilar Central. En segundo lugar, es Kether sobre un arco inferior, y Yesod sobre un arco superior. Tercero, es el punto de transmutación entre los planos de la fuerza y los de la forma. los títulos que se le dan en la nomenclatura cabalística, confirman esto. Desde el punto de vista de Kether, es un niño; desde el punto de vista de Malkuth, un Rey, y desde el de la transmutación de las fuerzas, es un dios que se sacrifica.

  Visto en término de Macrocosmos, es decir, visto desde Ke­ther, Tiphareth es el punto de equilibrio entre Kjesed y Guebu­rah; en términos de Macrocosmos, o sea de la psicología trascen­dental, es el punto donde se encuentran los tipos de conciencia característicos de Kether y de Yesod. Hod y Netzach encuentran igualmente su síntesis en Tiphareth

  Los Seis Sephiroth, cuyo centro lo constituye Tiphareth, a ve­ces son llamados Adam Kadmon, el Hombre Arquetípico. En efec­to, Thiphareth no puede ser comprendido sino como punto central de los otros seis, donde gobierna como un rey en su reinado. Para todo fin práctico, estas seis Esferas son las que constituyen el reino arquetípico que se extiende tras el reino de las formas con­cretadas en Malkuth, el cual domina y determina totalmente la pasividad de la materia.

  Considerando la relación de un Sephirah con sus vecinos, a fin de poderlo interpretar con la ayuda de su posición en el Árbol de la CÁBALA, no es posible proceder a una exposición sistemática y ordenada del sistema cabalístico, porque debemos comenzar necesariamente por explicaciones preliminares, si queremos ser claros. Por tanto, nos es necesario expresar brevemente la naturaleza de los tres Se­phiroth inferiores agrupados por debajo de Tiphareth, a saber: Netzach, Hod y Yesod.

  Netzach está en relación con las fuerzas de la Naturaleza y con el contacto de los elementos. Hod, con la magia ceremonial y el saber oculto. Yesod, con el psiquismo y el doble etérico. Tiphareth, por su parte, asistido por Quedulah y Gueburah, representa la clarividencia o el psiquismo más elevado del individuo. Cada Sephirah, por supuesto, tiene sus aspectos objetivos y subjetivos, su factor en psicología y su plan en el universo.

  Los cuatro Sephiroth que se hallan debajo de Tiphareth (Net­zach, Hod, Yesod, Malkuth) representan la personalidad o el yo inferior; los cuatro Sephiroth que están colocados sobre este Sexto Sephirah (Gueburah, Kjesed, Kjokmah, Binah) representan la individualidad o Yo Superior, siendo Kether la Chispa Divina, el punto central mismo de la manifestación.

  De consiguiente, Thiphareth no debe ser examinado jamás co­mo factor aislado, sino como lazo de unión, como centro de trans­misión o transmutación. El Pilar CentraI concierne siempre a la conciencia; los dos Pilares laterales, a los diversos modos de ope­ración de la fuerza sobre todos los diferentes niveles.

  En Tiphareth hallamos los conceptos arquetípicos que se cris­talizan y se convierten en ideas arquetípicas. En efecto es el pun­to de la encarnación, y por esta razón es llamado el Niño. Y por­que la encarnación del divino ideal implica el sacrificio de la des­encarnación, los Misterios de la Crucifixión son asignados al Sex­to Sephirah, y todos los dioses sacrificados encuentran en él su justo lugar, cuando el Árbol de la CÁBALA es comparado a los Panteones - Dios Padre, es asignado a Kether; Dios Hijo, a Tiphareth, por la razón que acabamos de indicar.

  La religión exotérica, ascendiendo por el Árbol de la CÁBALA, Jamás sobre­pasa la Esfera de Tiphareth. No tiene ninguna percepción adecuada de los Misterios de la Creación, tales como son evocados por el simbolismo de Kether, Kjokmah y Binah, ni modos de acción del Arcángel luminoso y del sombrío, representados por Guedulah y Gueburah; menos aun percibe los Misterios de la conciencia y de la transmutación de fuerza representados por Daath, el Sephirah invisible, para el cual no existe un símbolo.

  Dios se manifiesta en Thiphareth por la forma, y habita entre nosotros; es decir, ÉL es percibido por la conciencia del hombre. Tiphareth, el Hijo, nos evoca al Padre, Kether.

  Para que la forma pueda estabilizarse, las fuerzas opuestas cuyo resultado es la forma, deben llegar a su punto de equilibrio. De esta manera, encontramos que la idea de un Mediador o de un Redentor es inherente a este Sephirah. Cuando la Divinidad se manifiesta en la forma ésta debe estar perfectamente equilibrada También se podría invertir correctamente la proposición y decir: cuando las fuerzas de donde resulta la forma están en perfecto equilibrio, la Divinidad se manifiesta en la forma, se­gún su tipo. Dios se manifiesta entre nosotros cuando las condiciones se lo permiten.

  Cuando se manifiesta en los planos de la forma bajo el aspec­to infantil de Tiphareth, el dios encarnado deviene hombre, y es entonces un dios Redentor. En otros términos habiendo obtenido la encarnación por medio de una materia virgen (María, Marah, la Madre Superior por oposición a Malkuth, que es la Madre In­ferior). La manifestación Divina que se desarrolla hace un perpe­tuo esfuerzo para conducir a un equilibrio estable el Reino de los seis Sephiroth que forman el Centro del Árbol de la CÁBALA.

Cuando el mito de la Caída se presenta en el Árbol de la CÁBALA de la Vida es interesante hacer notar que las cabezas de la Serpiente del Abismo que se eleva fuera del caos conciernen sólo a Tiphareth, al cual ellas no pueden sobrepasar.

  El Redentor, pues, se halla manifestado en Tiphareth. y hace un esfuerzo incesante a fin de salvar Su Reino, reuniéndolo a los Sephiroth Superiores que están sobre la sima causada por la Caída. sima que separa los Inferiores de los otros, y estableciendo el equilibrio entre diferentes fuerzas del Reino dividido en seis Esferas.

  Por esta razón los dioses encarnados se sacrifican, mueren por el pueblo, a fin de que la inmensa fuerza generada por este acto compense la fuerza caótica del Reino y por ello se salve es decir, que renazca el equilibrio.
  Esta Esfera particular del Árbol de la CÁBALA es llamada el Centro de Cris­to, y es aquí donde la religión cristiana tiene su centro. Las re­ligiones panteístas como la de los Egipcios y de los Griegos tie­nen su centro en Yesod; las metafísicas. como la de Confucio y Buda lo tienen en Kether. Pero como todas las religiones dignas de este nombre tienen un aspecto esotérico o místico, y otro exo­térico o panteísta, el Cristianismo, aunque su creencia pertenezca esencialmente a Tiphareth, tiene también un aspecto místico, proviene de Kether y un aspecto mágico-como lo muestra el catolicismo popular-que halla su centro en Yesod. En cuanto a su aspecto evangélico, se concentra en Tiphareth, reverenciado como el Niño y como Dios Sacrificado. Ignora, sí, el aspecto del Rey en el centro de Su Reino, rodeado por los cinco Sephiroth de la manifestación.

  Hasta este momento hemos examinado el Árbol de la CÁBALA de la vida desde el punto de vista del macrocosmos, considerando los diver­sos arquetipos de la fuerza que, manifestándose, constituyen el Universo. Apenas hemos abordado el punto de vista del microcosmos, que considera el aspecto psicológico de los arquetipos co­mo factores de conciencia. Con Tiphareth es menester cambiar de rumbo, porque las fuerzas arquetípicas, en adelante, serán en­cerradas en las formas, y no podrán ya ser estudiadas más que por sus efectos en nuestra conciencia; en otras palabras, nuestro esfuerzo debe pasar por la experiencia directa de los sentidos, aunque ellos no pertenezcan exclusivamente al plano psíquico, porque funcionan en Tiphareth y Yesod a la vez, cada una conforme a su tipo. Cuando estábamos en los niveles superiores, teníamos el recurso de la analogía metafísica, y razonábamos por deduc­ción, partiendo de principios originales; pero ahora estamos en el campo de la ciencia inductiva, debiendo someternos a sus leyes y expresar en su propio lenguaje aquello que podamos descubrir. Pero, al mismo tiempo, debemos mantener nuestro lazo de unión a través de Thiphareth con los pensamientos trascendentales a los que se llega expresando el simbolismo del Sexto Sephirah en términos de experiencia mística. Toda experiencia mística don­de la visión concluya por una luz enceguecedora, es asignada a Tiphareth, porque la desaparición de la forma en el irresistible aflujo de la fuerza es característica del mundo de conciencia transitoria de este Sephirah. Las visiones que mantienen de manera cons­tante una forma claramente definida son características de Yesod; y las iluminaciones sin forma alguna como las que describe Plotino, conciernen más bien a Kether.

  En Tiphareth se reúnen e interpretan las operaciones de magia natural de Netzach, y de magia hermética de Hod. Todas estas operaciones tienen una forma más predominante en la Esfera de Hod que en la de Netzach. Las visiones astrales de Yesod deben también ser traducidas en términos de metafísica, merced a las experiencias místicas de Tiphareth. Si esta traducción no tiene lugar, la alucinación se produce, porque entonces creemos que los reflejos proyectados en el espejo de nuestra subconsciencia y traducidos en ella en términos de conciencia cerebral son cosas en sí, cuando en verdad no son más que representaciones simbólicas.

  Kether es metafísico; Yesod psíquico, y Tiphareth es esencial mente místico comprendiéndose por misticismo un estado mental en el que la conciencia cesa de expresarse en representaciones simbólicas subconscientes, para aprehender su objeto por medio de emociones intuitivas.

  Los diferentes títulos adicionales asignados a cada Sephirah y sus Nombres Divinos en particular nos dan una clave impor­tante para comprender los misterios de la Biblia, libro cabalístico de primera clase. Según la manera que este libro se refiera a la Deidad, sabemos a qué esfera del Árbol de la CÁBALA debe ser asignado su modo particular de manifestación. Toda alusión al Hijo se rela­ciona siempre a Tiphareth, toda alusión al Padre se vincula a Kether y todas las que se hacen al Espíritu Santo están relaciona­das a Yesod. Aquí se hallan ocultos profundos misterios, porque el Espíritu Santo es el aspecto de la Divinidad adorado por las logias ocultas. El culto panteísta de las fuerzas naturales y de las ope­raciones sobre los elementos se coloca bajo la invocación de Dios Padre; y el aspecto ético regenerador de la religión, su aspecto exotérico en nuestra época se efectúa en la invocación del Dios Hijo, en Tiphareth.

  Sin embargo, el Iniciado va más allá de su época y procure reunir sus tres modos de adoración rindiendo culto a la Divinidad como Trinidad unitaria; compensando al hijo de la bajeza del cul­to panteísta hace que el Padre trascendente sea accesible a la conciencia humana porque "los que me han visto vieron al Padre".

  Tiphareth, no obstante no es sólo el centro del Dios Sacrifi­cado, sino el centro del Dios Embriagado Aquel que concede la Iluminación. Dionisio participa de este centro, como asimismo Osiris, porque como ya lo hemos visto el Pilar Central es el Pilar de los estados de conciencia; y la conciencia humana, ele­vándose de Yesod por el Sendero de la Flecha, recibe la Iluminación en Tiphareth, siendo la razón por la cual todos aquellos que en los diversos Panteones dispensan la Iluminación, son asignados a Tiphareth.

  La Iluminación es la aspiración en el espíritu de un estado de conciencia más elevado que el que resulta de la experiencia sensi­ble; y es por ella que, por así decir, el espíritu cambia de aire. A menos que este nuevo modo de conciencia no esté vinculado con el pasado y se exprese en términos de pensamiento concreto, es un simple relámpago tan brillante que enceguece. No vemos por medio del rayo de luz que desciende a nosotros, sino por el reflejo que proyecta sobre los objetos de tres dimensiones que nos son conocidos. A menos que en nuestro espíritu no haya más que las ideas que puede iluminar ese modo más elevado de con­ciencia, estaremos simplemente aturdidos, y la obscuridad en nosotros es más profunda de lo que era antes de su pasaje. En efecto, no cambiamos precisamente de aire, sino proyectamos nuestro espíritu más allá de todo aire conocido. Es en esto que consiste el fenómeno que se llama Iluminación. Por breve que sea baste un relámpago para convencernos de la realidad de una exis­tencia hiperfísica, pero no para enseñarnos algo con respecto a ella.

  La importancia del estadio de Thiphareth en la experiencia mística consiste en el hecho de que la Encarnación del Niño se produce ahí; dicho de otra manera, la experiencia mística engen­dra poco a poco un conjunto de ideas e imágenes que se convier­ten en resplandecientes y visibles, cuando la Iluminación se efectúa.

  Este aspecto infantil de Tiphareth es asimismo de una gran im­portancia para nosotros en el trabajo práctico de los misterios rela­tivos a la Iluminación. Porque debemos aceptar el hecho de que el Niño-Cristo no surge en nosotros como Minerva, armada de pies a cabeza, fuera del frente del Padre de los Dioses; él comienza por ser algo muy débil, extendido humildemente entre los animales, sin ni siquiera ser admitido en la sala donde respire el común de los hombres. Los primeros rayos de la experiencia mística deben ser forzosamente limitados, porque no hemos tenido tiempo para for­mar un cuerpo de ideas y de imágenes en los cuales esos rayos podrían resplandecer. Es necesario mucho tiempo para formar un cuerpo semejante, produciendo su efecto cada experiencia tras­cendental, efecto que organiza la meditación subsiguiente.

  Frecuentemente los místicos cometen el error de creer que la Estrella los conduce al lugar del Sermón de la Montaña y no al Establo de Belén donde tuvo lugar el nacimiento. Es entonces cuando el Árbol de la CÁBALA de la Vida es tan útil; permite a lo trascendental expresarse por un simbolismo y, en seguida, a éste ser traducido en términos de metafísica; de esta manera, une lo espiritual a lo psíquico, pasando por la inteligencia, y con un fuego central ilumina estos tres aspectos de nuestra conciencia trina.
  Es en Tiphareth donde se produce esta operación, porque en este Sephirah son recibidas las experiencias místicas de conciencia directa que iluminan los símbolos psíquicos.

Rolando Gonzalez

 

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