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CÁBALA Mística - Tiphereth, el sexto Sephirah - 3

Kabala


Los cabalistas llaman a Tiphareth, Shemesh o la Esfera del Sol, y a este respecto es interesante hacer notar que todos los dioses solares son dioses salvadores y todos los dioses salvadores son solares, cosa que merece ser meditada.

  - El Sol es el punto central de nuestra existencia, y sin él no exis­tiría el sistema solar. La luz del Sol desempeña un papel capital en el metabolismo, o sea el proceso vital de los seres vivientes; toda la nutrición de las plantas verdes depende de él. Su influen­cia está íntimamente ligada a la de las vitaminas, y es un hecho probado que éstas, en ciertos casos, pueden suplir su acción. Por ello vemos que la luz solar es un factor esencial de nuestro bien­estar; y yendo más lejos, podríamos afirmar que es necesaria pa­ra nuestra misma existencia; nuestra relación con el Sol es mu­cho más íntima de lo que podamos imaginar.

  - En el reino mineral, el símbolo del Sol es el oro, precioso y puro; todas las naciones lo han reconocido, nombrándolo el metal del Sol, viendo en él el más precioso de los metales y convirtiéndolo en la base única de los cambios monetarios. El papel desem­peñado por el oro en la política de los pueblos sobrepasa en mu­cho su utilidad intrínseca como metal. Es la sola substancia te­rrestre que, en grado máximo, es incorruptible, porque podrá estar completamente cubierta en su superficie por impurezas, pero metal en sí, diferentemente de la plata y el hierro, no sufre ninguna alteración química, ni descomposición alguna; podríamos agregar que tampoco el agua lo corroe.

  - El Sol es Aquel que nos da la vida, y la fuente misma del ser; es el único símbolo adecuado para Dios-Padre que puede ser llamado justamente Sol tras el Sol, siendo Tiphareth, por este hecho, el reflejo inmediato de Kether. Es por la mediación del Sol que la vida se manifiesta en la Tierra, y es por medio de la conciencia de Tiphareth que nos ponemos en contacto con todas las fuerzas vitales que podamos, consciente e inconscientemente a la vez

  - Ante todo, el Sol es el símbolo de la energía manifestada: lo influjos ininterrumpidos y excepcionales de la energía solar so los que causan la ebriedad divina del éxtasis; el oro, base de la monedas, es la representación objetiva de la fuerza vital exterior porque, en verdad, el dinero es la vida, la vida es el dinero, toda vez que sin él no podemos tener ninguna plenitud de vida. La fuerza vital, manifestada en el plano físico como energía, y en el plano mental como inteligencia y saber, puede ser transmutada en dinero por medio de procesos alquímicos, signos de la capacidad o energía de quien los emplea. El dinero es el símbolo de la energía humana, por medio del cual podemos acumular, hora por hora el producto de nuestro trabajo, recibiéndolo como salario al fin de la semana, gastándolo en cosas útiles o ahorrándolo para el uso futuro que consideremos conveniente. El oro representado por los cheques es un símbolo de la energía humana y no puede ser ganado más que por un esfuerzo de esta energía. Cualquiera sea le energía de un padre o de un esposo transmitida por la heren­cia, siempre es el símbolo de una energía humana en una esfera dada, aunque ello sea en una sociedad de ladrones.

  - Los movimientos subterráneos y secretos del dinero obran en el organismo de las naciones de la misma manera que las hor­monas en el cuerpo humano, y hay leyes cósmicas insospechadas por los economistas que gobiernan esos movimientos rítmicos e intermitentes.

  - Kether, el espacio, la fuente de toda existencia, se refleja en Tiphareth, que es un agente de distribución y un distribuidor de la energía espiritual primordial. Recibimos directamente esta ener­gía por medio de la claridad solar, e indirectamente por la clorofila de las plantas verdes que les permite utilizar la luz, y también la recibimos, aunque de una manera que podríamos decir "de segunda mano", por medio de los tejidos de los animales herbívoros.

  - Pero el dios Solar es algo más que una fuente de vida: es tam­bién el sanador cuando la vida está amenazada, pues ella, sus ex­cesos, sus errores y sus deficiencias, es lo que constituye la acti­vidad en los procesos de la enfermedad, la cual no dispone de más energía que la tomada de la vida del organismo. Toda curación debe consistir en reajustes de la fuerza vital, y son los dioses so­lares a quienes hay que invocar con este objeto, a consecuencia de la relación intima entre el Sol y la Vida. El conocimiento de es­tos hechos y la manipulación de la influencia solar eran los me­dios de curación empleados por los antiguos Sacerdotes Iniciados. En la Grecia antigua, esos medios eran el fundamento, los cimien­tos de Esculapio.

  - Nosotros, los modernos, hemos aprendido el valor de la luz solar y de las vitaminas en nuestra economía fisiológica, pero no hemos realizado el papel capital del aspecto espiritual de su in­fluencia en nuestra economía psíquica, comprendiéndose este tér­mino según la acepción que nos da el diccionario. Hay un factor Tipharéthico en el alma del hombre, factor que, según la antigua tradición, tiene su correspondencia física en el plexo solar --no en el corazón ni en la cabeza-- y que tiene el poder de concentrar el aspecto sutil de la energía del sol, de la misma manera que la clorofila concentra un aspecto más tangible en la flor de una planta. Si por cualquier circunstancia estamos impedidos de asi­milar esta energía, nos volvemos tan enfermizos, débiles de espíritu y de cuerpo, como una planta que crece en una caverna, privada de la claridad que la alimenta.

  - Esta separación con el aspecto espiritual de la naturaleza es debido sólo a actitudes mentales. Cuando rehusamos reconocer nuestro papel verdadero en la Naturaleza, y el de ella en nos­otros, impedimos el doble juego de ese magnetismo vital entre la parte y el todo; y, faltándonos los elementos esenciales para el crecimiento espiritual, no podremos lograr la salud psíquica.

  - Los psicoanalistas dan una gran importancia a la represión como causa de los desórdenes psíquicos; han aprendido a reconocer esto, porque en los casos extremos de represión sus pési­mos efectos son evidentes. Sin embargo, no han aprendido que esa represión de que hablamos --a menos que no nazca por determinadas circunstancias, en cuyo caso no da lugar a la disociación-- no es más que el resultado de una causa más profunda que el género mismo, causa que tiene sus raíces en una falsa espiritualidad, un idealismo malsano que pretende privarse de la simpatía, de la franqueza, de la gratitud que debe experimentar un criatura viviente hacia Aquel que le da la Vida, el más elevado bienhechor de la Naturaleza. Todo esto proviene de un orgullo espiritual que considera indigno los aspectos naturales primitivos.

  - A causa de ese falso ideal y de sus valores irreales, es por lo que hay tanta neurastenia en nuestros medios sociales. Porque Cloácina y Priapo no son honrados como dioses, es por lo que nosotros somos maldecidos por el dios Solar y separados de su benigna influencia , pues el insulto a sus aspectos inferiores es lo mismo que un insulto dirigido a él.

  - Cuando un ser no es apto para la reproducción, el llamado del género le es repulsivo; es la base natural del pudor que protege el organismo contra el derroche y el agotamiento. La acumulación de desperdicios causa una perturbación fisiológica creando dolores insoportables para toda criatura viviente, por poco desarrollada que sea, y evita su acercamiento. Nuestras condiciones artificiales de vida han sacado miles de prejuicios irracionales y nefastos de esas dos repulsiones tan racionales y útiles en las condiciones naturales. La repulsión cesa de ser normal y no sirve para su meta biológica.

  - Nuestra conducta con respecto a dos funciones importantes de la vida natural implica que ellas son anormales, despreciables y funestas. De consiguiente, si suprimimos el contacto terrestre el circuito se destruye y, asimismo, nos faltarán los contactos celestes. El circuito cósmico desciende de Kether a través de Tiphareth y Yesod hacia Malkuth; si el circuito está roto en alguna parte no funciona más. Es verdad que, mientras se viva, es imposible destruirlo del todo, pues los procesos de la vida se hallan tan profundamente arraigados en la naturaleza, que no se les puede suprimir totalmente; pero, una actitud mental puede desviar la corriente, aislarla y pervertirla, hasta el punto que sólo un influjo mínimo circula a través de los obstáculos en un organismo debilitado.

  - En Tiphareth, el centro Solar, lo espiritual se manifiesta por lo natural, y debemos reverenciar el Dios Solar para comprende que él representa la expresión natural de las realidades espirituales. Es enorme la influencia que sobre la historia de los do­lores humanos tiene la espiritualización de las funciones natu­rales.

Rolando Gonzalez

 

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