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Técnicas para estar más despiertos

 

 

La obtención de un estado vigilante y alerta han preocupado a esoteristas y científicos por igual Ouspensky, el filósofo y pensador, profundo conocedor de las técnicas orientales, cuenta cómo su maestro Gurdjeff, gran indagador de las disciplinas sufíes e hindúes, hacia que todos se mantuvieran permanentemente alertas a su propio cuerpo. Obligaba a sus discípulos a pensar continuamente en el estado de su brazo derecho, por ejemplo, para que la atención y el estar despierto» como él lo llamaba, no decayeran un sólo instante.

Mecanismo incansable

El sólo hecho de contemplar un dibujo durante unos segundos pone en marcha mecanismos extremadamente complejos. Las células nerviosas o neuronas, en relación unas con otras mediante una fabulosa conexión química, envían señales a distintas áreas del cerebro. Estas áreas también tienen relación con zonas vecinas, y compartiendo la información recibida logran que el total de estímulos quede almacenado, en disposición de ser conducido a la consciencia por el proceso llamado memoria.

Esto para la simple visualización de un dibujo! Imaginemos ahora la actividad increíble que deberá desarrollar nuestro sistema nervioso para llevarnos a buen fin, día a día, a través de todas las tareas que nos toca desempeñar. Y pensemos también que este mecanismo trabaja veinticuatro horas al día, todos los días de nuestra vida, pues hasta cuando dormimos nuestro cerebro descansa por rigurosos turnos.

Cuando nacemos venimos al mundo dotados de más o menos catorce mil millones de neuronas. Cierto es que no se reproducen y que, por el contrario, se gastan con el correr del tiempo, puesto que perdemos aproximadamente cien mil por día. Esto significa una pérdida de mil millones y medio entre los 30 y los 90 años. Pero esta pérdida es mínima si la comparamos con el magnífico haber que nos queda todavía. Vemos entonces que la edad por sí sola no puede justificar los fenómenos de «envejecimiento cerebral».

Enemigos de la atención

Pero la atención sí se perjudica por la falta de estímulos. Un tremendo obstáculo para una buena vigilancia son las preocupaciones y el estrés de la vida cotidiana. Al ocupar nuestro pensamiento con los mil obstáculos que encontramos diariamente en nuestro trabajo o en nuestra vida familiar, entramos en un comportamiento meramente automático, casi propio de robots, y nos sucede frecuentemente que andando por la calle, por ejemplo, no sabemos cómo hemos recorrido los últimos quinientos metros. Esto es muy perjudicial para el proceso de la atención, y lleva muchas veces a pasar largos períodos del día sin que nos demos bien cuenta de lo que ha sucedido en ese lapso.

Otro enemigo mortal de la atención es una inadecuada percepción sensorial. Una visión deficiente o una mala percepción auditiva debidas a la falsa coquetería de no contar con unas gafas adecuadas o un aparato indicado harán que los estímulos nos resbalen dándonos un aspecto «despistado», distraído, funesto para una verdadera atención.

El tercer requisito es la voluntad: tenga siempre en cuenta que los ejercicios adecuados, realizados con constancia, firmeza y fe mejorarán su atención y su estado de alerta y harán de usted un ser «despierto» o integrado plenamente con el mundo que le rodea.

Los mejores ejercicios

Preste atención a una parte de su cuerpo. Elija aquella que mejor le parezca y piense en ella todas las veces que pueda recordarlo durante el día:

¿Cómo tengo colocada la cabeza? ¿Alta? ¿Baja? Verá que con el paso de los días le será cada vez más fácil recordar este ejercicio preliminar y realizarlo más a menudo.

Cuando note que recuerda la posición de la parte del cuerpo elegida (brazos, piernas, tronco, etc.) muchas más veces por día que cuando comenzó el entrenamiento, pase a la segunda etapa: sea consciente de su cuerpo en movimiento ¿Cuál es el ritmo de mis pasos? ¿Muevo los brazos mientras camino? Y mi respiración, ¿se acompasa con el ritmo de mis pasos o tiene un ritmo propio? Cuando ande de un lado a otro, sea consciente de su desplazamiento. Esté «despierto» en cada uno de sus movimientos. No actúe, en lo posible, mecánicamente.


Una vez note que el estado de alerta en lo que respecta a la posición de su cuerpo mejora, introduzca un pensamiento positivo corto, que puede repetir mentalmente acompasándolo al ritmo de sus pasos o de su respiración, si no está andando. Algo así como «cada día atiendo más y mejor» o bien «atiendo ahora mucho más». Repítalo incesantemente los ratos en que pueda concentrarse en ello y verá que luego, aún estando aparentemente distraído, en algún lugar de su mente la frasecita sigue resonando. Si puede usted ayudarse con unas notas melódicas, como si improvisara una pequeña cancioncita, notará que es más fácil que se torne un sonsonete agradable y pegadizo.


Cuando ande por la calle no se distraiga en pensamientos erráticos. Trate de recordar cómo estaban vestidas las personas que dejó atrás al doblar una esquina, o el color de los coches que acaban de pasar. ¿Cuántos de color rojo, o amarillo, o gris? ¿Había alguno negro?

Al leer una o dos páginas interrumpa un momento la lectura y pregúntese datos que tengan que ve? con lo leído. Recuerde hechos que aparezcan en el libro, ya sean estos conclusiones científicas, nombres de personajes, de lugares, etc. Y mientras lea piense que debe poner atención, puesto que va a interrogarse a usted mismo. Esto no tardará en volverse un hábito, y su atención mejorará increíblemente.

Haga ahora este ejercicio: ¿Cuál es el texto de la última línea de la página precedente? Contéstese. Échele luego una breve mirada. En treinta segundos diga cuántas palabras cree que hay en ella. ¿Doscientas? ¿Trescientas? ¿Algo menos de "quinientas"? Compruébelo contando una pequeña parte y calculando después.

Al irse a acostar repase mentalmente las acciones del día, pero de atrás hacia adelante. O sea que deberá recordar primero lo último que ha hecho, que habrá sido, indudablemente, tumbarse en la cama. ¿Cómo lo ha hecho? Sea minucioso. Cuantos más detalles vaya recordando de sus acciones, mejor será; ¿Cómo se ha puesto el pijama: primero la pierna izquierda o la derecha? Lo mismo para la chaqueta: ¿primero el brazo derecho o el izquierdo? Verá que con el correr de los días le será posible ir recordando cada vez más detalles.

La perseverancia hará que estos ejercicios sean cada vez más beneficiosos en todo lo que respecta a su estado de vigilancia y alerta.

 

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