Ágata

Ágata. Pertenecen a la familia de los cuarzos, (algunos autores defienden que en el fondo, las Ágatas son una variedad de Calcedonia).

Amarilla, azul, blanco lechosos, cornalina, gris, marrón musgosa, verde, a menudo teñidas.

Aparecen en rocas volcánicas en forma de inclusiones esféricas o almendradas, cerosa y suave, normalmente con franjas, en secciones finas suele ser translúcida.

Se encuentran sobre todo en:

África, Alemania,Brasil, China, Estados Unidos, India, Madagascar, Marruecos, República Checa y Uruguay.

Propiedades curativas y espirituales


Cristal muy estable que sirve para centrar energías en todos los ámbitos del ser, aportando un gran equilibrio.

Saca a la luz información oculta, armoniza energías positivas y negativas (Yin y Yang), calma y alivia suavemente, también es un poderoso limpiador a nivel físico y emocional.

Alivia la gastritis y estimula el proceso digestivo puesta sobre el abdomen, o tomada en elixir.

Contribuye al proceso de curación de ojos, estómago, útero y piel, limpia el páncreas y el sistema linfático además de fortalecer los vasos sanguíneos y proteger de la epilepsia.

Fomenta la fuerza y el amor en los nuevos comienzos y en los traumas emocionales, ayuda a superar la negatividad, la tensión y la ira interna.

Disuelve la amargura del corazón y crea seguridad en uno mismo.

Este cristal fomenta el autoanálisis, la autoconfianza y la autoaceptación.

Alerta sobre las circunstancias ocultas que interfieren en el bienestar personal y aleja el miedo.

Facilita la función mental (habilidades analíticas, percepción y concentración), además de contribuir a encontrar soluciones prácticas y estimular recuerdos.

El ágata conduce al crecimiento espiritual y a la estabilidad interior a través de la elevación de la conciencia, de la transformación de energías negativas, de facilitar la contemplación y estabilizar el aura.

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